sábado, 18 de julio de 2020

Las Memorias de Adriano



Escribir sobre este libro es quedar siempre en deuda. Es imposible hacerle el honor que se merece e incluso de entrada no me lo propongo. Solo quiero expresar que es el libro que más impacto me ha causado y que no me canso de leer sin tener la sensación de leerlo por primera vez. Por muchos años lo tuve en la mesa de noche, cualquiera de sus páginas me dejaban fascinada e impactada por las ideas expuestas y la belleza poética de su glosa. Marguerite Yourcenar se hace conocer con esta novela aunque anteriormente fue traductora y correctora de estilo. Las Memorias de Adriano es su mejor y más elogiada novela, escrita en primera persona y en  la voz de Adriano, emperador del imperio romano del siglo 2d.c. Adriano emperador romano fue además escritor y especialista en filosofía estoica y epicúrea. Marguerite Yourcenar nace a principios del siglo XX hija de un diplomático belga, familia acomodada vive con su padre y su abuela paterna, su madre muere poco después del parto. A pesar de esta diferencia de épocas, culturas y vidas Marguerite se apropia magistralmente de la  personalidad de Adriano y de su temperamento y emoción. La mejor versión, por supuesto, es la traducción de Julio Cortázar de 1974. Una joya literaria, conformada de reflexiones filosóficas acerca del poder, del amor, de la vida y de la muerte.
Adriano escribe a su sucesor Marco Aurelio a quien había adoptado como nieto y sería su sucesor. Le comienza diciendo “La verdad que quiero exponer aquí no es particularmente escandalosa, o bien lo es en la medida en que toda verdad es escándalo. Lejos de mí esperar que tus diecisiete años comprendan algo de esto. Sin embargo me propongo instruirte, y aun desagradarte.” Le especifica que él mismo irá aprendiendo de sus letras y que no tiene idea a donde arribará. Lo que suele suceder con la escritura. “Cuento con este examen de hechos para definirme, quizás para juzgarme o por lo menos para conocerme mejor antes de morir”. Era un pensamiento que no lo abandonará nunca “Tratemos de entrar a la muerte con los ojos bien abiertos”. Conmueve la sinceridad de  sus sabias reflexiones expuestas con la mayor humildad. “Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía hablar de su vida con más firmeza y más sutileza que yo” y realmente habla Adriano.
La pasión de Adriano fue siempre los otros seres humanos y la belleza del efebo en la perfección de sus formas, siendo Antínoo su gran amor.  Mas que el poder su gran goce fue el conocerse a si mismo como un medio para evaluar la existencia humana, descubrir lo que los otros se esforzaban por ocultar y los libros “Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas.” El mayor asombro provocado por el goce de la vida es cuando se produce “más que un simple juego de carne, una invasión de la carne por el espíritu.” Su gran amiga, consejera y espejo de sus confidencias fue Plotina emperatriz y esposa de Trajano.  Influye Plotina para que Adriano sea nombrado sucesor de Trajano al mayor poder romano. La considera Adriano su genio benéfico.
“Y fue entonces cuando surgió el más sabio de mis genios benéficos, en la persona de Plotina. Hacía cerca de veinte años que conocía a la emperatriz. Pertenecía al mismo medio; teníamos casi la misma edad. La había visto vivir una existencia tan forzada como la mía y más desprovista de porvenir. Me había sostenido, sin parecer darse cuenta de que lo hacía, en momentos difíciles. Pero su presencia se me hizo indispensable durante los días peligrosos de Antioquía, tal como más adelante me sería indispensable su estima, que conservé hasta su muerte. Me acostumbré a aquella figura de ropajes blancos, los más simples imaginables en una mujer; me habitué a sus silencios, a sus palabras mesuradas que valían siempre por una respuesta, la más clara posible. Su aspecto no chocaba para nada en aquel palacio más antiguo que los esplendores de Roma: aquella hija de advenedizos era harto digna de los Seléucidas. Estábamos de acuerdo en casi todo. Los dos teníamos la pasión de adornar y luego despojar nuestras almas, de someter al espíritu a todas las piedras de toque. Plotina se inclinaba a la filosofía epicúrea, ese lecho angosto pero limpio donde a veces he tenido mi pensamiento. El misterio de los dioses, tan angustioso para mí, no la tocaba, y tampoco compartía mi apasionado gusto por los cuerpos. Era casta por repugnancia hacia la facilidad, generosa por decisión antes que por naturaleza, prudentemente desconfiada pero pronta a aceptarlo todo de un amigo, aun sus inevitables errores. La amistad era una elección en la que me comprometía por entero, entregándose como yo sólo me he entregado en el amor. Plotina me conoció mejor que nadie; le dejé ver lo que siempre disimulé cuidadosamente ante otros, por ejemplo ciertas secretas cobardías. Quiero creer que, por su parte, no me ocultó casi nada. La intimidad de los cuerpos, que jamás existió entre nosotros, fue compensada por el contacto de dos espíritus estrechamente fundidos.”
El poder es el punto central para reflexionar sobre el ser humano y sus pasiones. Concebía Adriano el poder como un medio para conservar y hacer posible la armonía. La armonía en todas sus dimensiones, en la naturaleza, en la cotidianidad y vida de los seres que habitan la polis. Todo parte para Adriano de la voluntad del ser humano. Era fundamentalmente su ideal la paz. “Quería que a todos llegara la inmensa majestad de la paz romana, insensible y presente como la música del cielo en marcha; que el viajero más humilde pudiera errar de un país, de un continente a otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros, por doquiera seguro de un mínimo de legalidad y de cultura; que nuestros soldados continuaran su eterna danza pírrica en las fronteras; que todo funcionara sin inconvenientes, los talleres y los templos; que en el mar se trazara la estela de hermosos navíos y que frecuentaran la ruta numerosos vehículos; quería que en un mundo bien ordenado, los filósofos tuvieran su lugar y también lo tuvieran los bailarines. Este ideal, modesto al fin y al cabo, podría llegar a cumplirse si los hombres pusieran a su servicio parte de la energía que gastan en trabajos estúpidos o feroces; una feliz oportunidad me ha permitido realizarlo parcialmente en este último cuarto de siglo.” Reflexiona sobre la soledad del poderoso, sobre su reinado y las batallas pero sobre todo sobre la cultura y arte.
Este breve y limitado recorrido solo intenta entusiasmar para su lectura ahora que cumple esta gran novela 60 años de su publicación.

1 comentario:

  1. A mí, como a usted, me impactó ese libro. La narración en primera persona es absolutamente embriagante, era como tener a Adriano contándome sus miedos, sus inquietudes, su vida

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