viernes, 8 de julio de 2022

A la misma altura (cuento)

Otto Dixi


En un pueblo muy lejano de un país tropical y clima cálido a sus habitantes le dio un buen día por gatear, es decir dejaron de caminar todos al mismo tiempo. Una especie de epidemia generalizada que afectó a todos en el mismo momento. Por ello nadie se alarmó ni se sintió cambiado, pensaron que siempre había sido de esta manera. Era un sitio intricado para llegar por lo que casi nunca o nunca llegaban visitantes, hasta que un día un excursionista perdido se asomó y por él sabemos de este hecho curioso que no se ha vuelto a repetir en la historia. Pero lo interesante es lo relatado por este observador que para no ser rechazado por distinto se puso a gatear también después de haber adquirido la vestimenta y protectores de rodillas y manos adecuados en sus tiendas.

Allí todo había cambiado en relación a lo que conocíamos. Pero el cambio más extraordinario se notaba en la personalidad y gusto de la gente. Se seguía hablando como siempre, pero con un tono mas pausado y de bajo volumen. Las personas se acercaban a los otros y al tener los oídos cercas prácticamente susurraban sus palabras. Se habían extinguido los pleitos y al estar en una posición mas vulnerable se hacía más fácil y espontánea la colaboración mutua. Seguía habiendo los querrequerres, pero eran pocos en comparación. Estos seres malhumorados lo estaban principalmente porque recordaban otras épocas, cuando caminaban erguidos que glorificaban como perfecta sin haberlo sido. Olvidaron aquella tendencia por despreciar a todo ser vivo de cuatro patas. Olvidaron que los abandonaban y maltrataban sin contemplación por considerarlos seres inferiores y sin sentimientos. Ahora los humanos se parecían y comenzaron a experimentar un mundo muy distinto.

Estaban contemplando la tierra principalmente y se comenzaron a interesar por las hormigas y sus vidas. Quedaron asombrados con la organización de estos pequeños animales y su forma de cooperar para vivir. No solo era sorprendente la manera como respetaban las jerarquías sino como encontraban el sustento para los suyos. Todo los deslumbró, la vegetación en primer lugar, y una vida animal que nunca se habían detenido en apreciar. Ya no miraban hacia abajo, se veían en el mismo nivel. Comenzaron a comprender a los animales, sabiéndose distintos. Concluyeron que el poderse comunicar con un leguaje los hacía distintos, pero no superiores. Comprendieron que no eran muy diferentes en muchos aspectos, se identificaron con el sufrimiento y alegría animal. Los unía el afecto.

También les produjo un atraso en su creación e inventiva de mundos distintos al creer que podían quedarse gozando de una vida de contemplación con pocas posibilidades de acción. Hay que decirlo, no todo fue bueno. Por estar tan pegados a la tierra la imaginación ya no volaba. De eso se dio cuenta el visitante y se propuso que volvieran a levantarse y comenzar a construir desde sus lugares conquistados. Supo que si lo lograba estos nuevos seres erguidos serían distintos en la comprensión de su mundo y sus variedades. Comenzó él por erguirse puesto que no había perdido esa capacidad y comenzó a enseñar a los otros, que poco a poco y con mucho esfuerzo lograron poder mirar nuevamente al cielo con comodidad. No era posible quedarse viendo la tierra sin perderse lo sublime y desconocido por conocer. Si, vieron para arriba nuevamente sin despreciar a los otros seres vivientes. En ese pequeño pueblo el mundo y sus habitantes había cambiado.

Pero no contaban con los querrequerres que comenzaron una pelea que fue creciendo. No era posible la paz ni la reconciliación con la naturaleza. Así siguió el mundo y su torpeza.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario