La finalidad de estas líneas es desarrollar una breve reflexión en torno al tema planteado en la miniserie Adolescencia. Ha causado un impacto importante y ha dejado muchos interrogantes sobre todo entre los padres que tienen hijos de estas edades. Ha abierto un debate importante sobre la salud mental en la adolescencia. El enfoque de la serie es principalmente psicológico sin descuidar la importancia del ambiente y la relevancia de las redes sociales. Por todos es sabido como ha venido creciendo la violencia juvenil. Con solo cuatro capítulos esta serie escrita por Jack Thorne y dirigida por Philip Barantini expone la complejidad del fenómeno que observamos dejando más interrogantes que respuestas.
El adolescente es un ser frágil en un período de transición. Es inseguro y muy apegado a su aspecto físico y al impacto que causa en los demás. Mantiene en silencio sus dificultades emocionales y es sumamente celoso de su intimidad que vive con vergüenza, suele aislarse y desarrollar una conducta violenta defensiva. Siente a los adultos como invasores y todo intento educativo como una restricción a su libertad. Debido a muchos factores los padres han perdido su lugar de autoridad y han permitido, por comodidad, que los hijos “hagan lo que quieren” sin tener criterio ni saber que quieren. El hijo perdido en sus laberintos y aislado, busca referencias conductuales y emocionales en las redes. Así tenemos niños angustiados y violentos.
La serie nos narra la historia de un adolescente de 13 años, Jamie Miller (Owen Cooper) que es arrestado bajo la acusación de haber asesinado a una compañera de su colegio. La serie no solo busca esclarecer lo sucedido sino también nos muestra la coraza protectora que se ha creado Jamie ante su padre, Eddie Miller (Stephen Graham) principalmente quien reiteradamente le suplica le diga la verdad. Allí comenzamos a ver una desconfianza y desprecio a la autoridad y al amor protector que su padre quiere brindarle y no puede. Solo la psicóloga infantil Briony Ariston (Erin Doerthy) logra romper ese cerco y hacer que brote la violencia desbordada que Jamie posee. Allí sabemos la verdad.
Aunque la serie no nos relata sobre la relación que hubo entre padre e hijo podemos colegir que hubo violencia. El padre igual que Jamie muestra una violencia incontrolable cuando es víctima de actos vandálicos por muchachos del sector. Una violencia que pudo ser abierta o soterrada en un rechazo a su papel como padre. Cuando se pregunta por su error, cuando se siente partícipe de la tragedia, cuando se dobla del dolor ante su falla comienza a recapacitar sobre su ausencia y su deseo paterno. En la práctica clínica ya tenemos tiempo observando como síntoma importante el temor de los padres hacia sus hijos, temen que se vayan, temen el rechazo y esencialmente complacen.
Ese desgarramiento del padre en el último capítulo sucede justo después que el hijo le comunica que va a cambiar su declaración que es el primer reconocimiento a la autoridad que tenemos por parte de Jamie. Se acaba el juego con un saldo muy alto. Nunca volverán a ser los mismos.
Se puede ver en Netflix.