viernes, 7 de abril de 2023

Un discurso compartido



Estas celebraciones religiosas son especiales para mi por los recuerdos, por haber tenido unos padres religiosos y no fanáticos, ni mojigatos. Porque no tenía que ir al colegio ni tenía que estudiar. Porque se rompían las rutinas y me vestía como que era domingo cada mañana. Me encantaba escoger ropa distinta y me encantaba los rituales en latín y las iglesias que siempre visitábamos solo las Semanas Santas. Las más solemnes, las más elegantes, La Iglesia de la Candelaria, San Pedro, Santa Capilla y la Catedral. Había otras que no recuerdo porque teníamos que ir a siete de ellos. Es una tradición establecida desde la época de la colonia.

Ese día se visten los altares de manera especial con flores y luces en homenaje a Jesús Cristo que ese día muere, pero volverá muy pronto, cuando resucite. Hay conciertos de órganos todas las tardes. No dejan de ser interesantes estos rituales y creencias necesarios para mantener la fe de los católicos. La música, el olor a incienso y flores, las beatas de luto susurrando sus oraciones, los velos negros, y esa luz tan especial de los vitrales lo invitaban a uno a un recogimiento especial. Me gustaban esos rituales que hoy se han vulgarizado y ya no me dicen nada.

Despues de visitar los siete templos nos íbamos a la casa de unas tías muy queridas y muy cercanas que siempre tenían cosas ricas para comer. Una casa grande con un patio trasero donde podíamos correr y hacer exploraciones. Iban, por lo general, otros primos, así que se expandían los inventos y juegos de niños. Al final nunca nos queríamos ir y muchas veces permitían que nos quedáramos después de la insistencia de las tías. Eso eran las Semanas Santas unas vacaciones alegres porque alegres eran mis padres, mis hermanos y mi casa. Eso era para mí lo que tenía sentido y me hacían sentirme perteneciente a una familia y a una cultura. Perdió significado hoy día, pero me queda el recuerdo grato que abraza.

El tiempo lo vamos revistiendo de diferentes significados y de ritos que nos sumergen en emociones variadas. La Navidad, Carnavales, Semana Santa. Los periodos de asueto, de vacaciones, de rupturas de las monotonías, de cambios tan necesarios para el entusiasmo y para el contacto con nuestra única y propia vitalidad. No podemos vivir en una monotonía mortecina sin ir perdiendo los revestimientos simbólicos, el entusiasmo y terminar reducidos a objetos sin anclajes y lazos sociales. Invade una angustia desbordada que nos da la señal del peligro de ya no poder dialogar ni con nuestros muertos.  Perdemos lo esencial para poder ser reconocidos como “humanos”, la pertenencia a un discurso compartido donde nos reconocemos y reconocemos a los otros. “El aquí no pasa nada y todo sigue igual” es el grito desesperado de haber perdido nuestras tradiciones, nuestros símbolos y nuestros ritos. La sensación de transcurrir como “almas en pena” arrastrando dolor y desarraigo. No sentimos nuestros rituales con los cuales nos revestimos, nuestros adornos particulares, los perdimos o los mantenemos pospuestos; solo invaden como intrusos los discursos ajenos, extraños y sinsentido.

El mundo reclama nuevos lazos sociales, salir de la soledad, de los encierros propios. No solo requerimos volver a nuestros ritos con los que nos reconocemos y cohesionamos sino, también, recuperar la confianza en los otros y proporcionarnos seguridad asumiendo nuestros propios riesgos. Un proyecto común que requiere la recuperación de nuestro espacio. Identificaciones sólidas para no volver a dejar que nos arrebaten lo nuestro; para no seguir, como adolescentes desorientados, persiguiendo falsas creencias.

 

 

 

viernes, 31 de marzo de 2023

Ellas hablan



Una película norteamericana del 2022 que fue nominada para dos Oscar en el 2023. Es una película de Sarah Polley y narra la terrible experiencia que tuvieron que vivir un grupo de mujeres en una colonia religiosa tras enterarse que de noche eran drogadas y violadas. Lo grandioso de esta película es la delicadeza con la cuan se narra la historia y su toma de decisiones después que estos hombres son puestos en libertad. Su interés está centrado en como van evolucionando una vez que son oídas y ganan confianza en sí mismas. Está basada en un guión llevado a cabo por la propia directora como adaptación de la novela escrita por Miriam Toews. Cuenta con un elenco excepcional, Claire Foy, Rooney Mara, Jessica Buckey, Sheila McCarthy, Frances McDormand.

La colonia de Molotschna es ficticia, pero está basada en la de Manitoba de Bolivia donde ocho hombres fueron hallados culpables de anestesiar y violar a 151 mujeres y niñas con un potente anestésico tomado de la belladona. Esta afilada reflexión de qué habrían dicho ellas, pone el foco en las víctimas y les da la voz que no tuvieron. Es una película con escenarios muy poco cambiantes y largas conversaciones, sin mucha acción lo que hace que la actuación debe ser esmeradamente perfecta. Así que tendremos personajes magníficamente elaborados. Ayuda mucho la banda sonora que convierte momentos rutinarios en auténticos dramas que nos llegan a emocionar.

Los violadores eran hombres cercanos a la colonia, hermanos, tíos o vecinos conducidos ante la justicia, pero sentenciados a castigos menores. Cuando las mujeres descubren que fueron liberados deciden reunirse en secreto para tomar una decisión que determinará su futuro. En estos largos diálogos podemos conocer parte del pasado de estas mujeres y sus criterios sobre el perdón, la validez o no del pacifismo, el deseo de libertad y respeto. Su apego a sus hijos y la defensa de lo propio. Las mujeres y el maestro del pueblo excomulgado temen abandonar su fe, pero necesitan compatibilizar sus creencias como garantizar su entereza y dignidad como la de sus hijos.

No es una película “divertida” pero muy interesante para este momento en que se vuelve a poner en primer plano la igualdad femenina. Valores que deben de estar en la base de cualquier sociedad saludable.

Muy recomendable. Hay que buscarla y bajarla.

 

 

 

 

viernes, 24 de marzo de 2023

Border (Criaturas fronterizas)



Una película sueca de 208 de fantasía dirigida por Ali Abbasi con guión de Abbasi, Isabella Eklöf y Jhon Ajvide Lindqvist, basada en el relato del mismo nombre de Ajvide Lindqvist de su colección “Let the Old Dreams Die”. Ganó el premio un Certain Regard en el Festival de Cannes de 2018 y fue seleccionada como la producción que representó Suecia en el 91na edición de Premios de la Academia en la categoría de mejor película de habla no inglesa. Podemos apreciar en el reparto a Eva Melander como Tina, a Eero Milonoff como Vore, son los más destacados.

Tina es una agente de aduanas que se distingue por su eficiencia con un extraordinario olfato. Huele la culpabilidad de los que intentan hacer trampas. Cuando Vore un hombre a todas luces sospechoso pasa junto a ella todas sus habilidades flaquean por primera vez. Tina sabe que Vore oculta algo, pero no lo identifica.

A pesar de esta labor en la cual destaca, es una mujer sensible y su vida no es fácil, se sabe distinta y repugnante. Atribuye su apariencia diferente a los habitantes de Estocolmo, a un problema genético. Al conocer a Vore se encuentra parecida y allí su vida cambia y comienza una búsqueda que le dará un vuelco a su vida. Comenzará a vivir un romance y a correr ciertas aventuras.

La película es desafiante e impredecible de principio a fin. Lo mantiene a uno en tensión y con cambios repentinos de emoción, la película no decae. Tiene escenas que resultan repugnantes. Un maquillaje excelente que logra transformar a los actores, resultan irreconocibles.

La recomiendo, hay que buscarla y bajarla.